Tejiendo identidad y comunidad, con Coco Esteve

“Tengo la tendencia de hacer muchas cosas a la vez”, Coco Esteve se ríe, en medio de su atareado estudio de arte en Urubamba. Originaria de Alcoy, España, Coco fue pintora y fotógrafa en otra etapa de su vida. Actualmente, practica la técnica del tatuaje “handpoke”, está desarrollando rápidamente una mano firme con la pistola de tejido (tufting) de alfombras y ofrece cursos creativos donde combina sus conocimientos pedagógicos con su talento artístico. 

Sin embargo, lo que nos atrajo a visitarla en su recóndita casa de campo, fueron sus bordados experimentales a mano, que sirvieron de hilo conductor entre la artista y una cooperativa de tejedoras del Valle Sagrado. 

No son las costuras de la abuela

Graduada de Bellas Artes en 2014, Coco no tuvo mucho contacto con los textiles o la costura hasta que se mudó a Madrid para completar un Master en Educación del Arte. 

“Este programa cambió mi idea de ser una artista que produce piezas. Me di cuenta de que quería continuar el camino ligado a la pedagogía”, recuerda Coco. “Este también fue el momento donde empecé a alejarme del arte que requería espacio, como la pintura y los grabados y me incliné más a piezas de pequeña escala que sería más fácil de llevar en mis viajes.” 

Fue durante sus primeros años en el programa cuando la abuela de Coco fallece y ella hereda sus hilos y agujas. “Ahí es cuando todo empieza para mí y la verdad nunca he parado”, dice, mientras observa sus diversos proyectos, tanto los terminados como los que están en proceso. Una primera colección con temas botánicos utilizaba técnicas de bordado tradicional, con el tiempo, los motivos de punto de aguja inspirados en la reflexión interna contaron historias sobre lienzos de tela, flores secas, y fotografías. 

Los talleres de costura de Coco, ofrecidos en línea y en persona, utilizan técnicas tradicionales y experimentales y a menudo se sumergen en temas de conexión que provocan reflexión: la infancia recordada a través de el ojo presente, la relación entre el cuerpo y lo que lo rodea. 

“A diferencia de la fotografía o la pintura, el bordado me obliga a ir más lento. Es una meditación activa”, dice Coco. “Frecuentemente usar símbolos me permite expresar algo de una manera sintetizada, algo que no se hacer de otra forma”. Su obra “simbología del paisaje interno”, viene a mi mente, una expresión tácita de sus observaciones y digestión de la pandemia. 

Conexiones en el Valle  

Cuando Coco llegó al Valle Sagrado en 2019, fue el comienzo de lo que sería un gran viaje por América Latina, sustentada por su arte y su experiencia educativa. Pero su estancia de tres meses en este rincón tranquilo del sur del Perú se convirtió en años, prolongados inicialmente por la pandemia y luego por las conexiones que sigue haciendo. 

“El Valle parecía tan pequeño cuando llegué, con el tiempo me di cuenta de que surgen nuevas personas y nuevos proyectos constantemente”, señala Coco. En este momento está desarrollando un área educativa para el Museo Alqa en Ollantaytambo, un emprendimiento que pone en práctica sus conocimientos y habilidades adquiridos en su Master. 

Mientras tanto, para alimentar su ansia de intercambios creativos, Coco visita casi semanalmente un grupo de tejedoras en Chincheros. Braulia, líder de la cooperativa Asociación Pumaqwasin, se auto declara la “madre peruana” de Coco, ya que la acogió bajo su tutela para compartir las tradiciones de tejido de su comunidad: teñir la lana de oveja y alpaca con pigmentos naturales, hilarla y utilizar un telar de cintura para tejer. Coco por su parte disfruto enseñarles sus técnicas de bordado, una habilidad poco común donde se encuentra Braulia.

Las mujeres de la Asociación Pumaqwasin y Coco tienen un lenguaje visual similar de iconos y símbolos, uno ancestral y el otro contemporáneo. Como coordinadora de los viajes a Perú de la empresa internacional Talleres Nómades, Coco ha promovido visitas interactivas entre las mujeres de Pumaqwasin y los turistas. Los viajeros pueden participar en las sesiones de tejido y teñido natural, contribuyendo al esfuerzo de las mujeres por compartir y preservar sus tradiciones artísticas.

“Hay un gran problema en Chincheros, las generaciones más jóvenes no están interesadas en continuar las tradiciones culturales, ya sea en los textiles, agricultura, especialmente ahora con el aeropuerto de Chincheros en camino”, señala Coco. “Y no hay nadie después de las mujeres de Pumaqwasin que continúe su arte”

Tufting

En una pequeña repisa en el estudio de Coco, se muestra una colección de hilo ricos en tonos tierra, gracias a las cuidadosas manos de las mujeres de Pumaqwasin. A unos pasos más allá, tejidos en forma de alfombras, adornadas con patrones de mosaicos abstractos, han aprovechado la lana más gruesa (típicamente de oveja) aunque el uso depende del cliente.

 “Pueden ser utilizadas como alfombras, o como arte mural, incluso como para cubrir sillones o asientos”, dice Coco, señalando algunos tapices terminados, creados por su juguete más reciente, la tufting gun (pistola de tejido). Dos ya fueron vendidos, uno enviado a Barcelona y el otro a Suiza.

Aunque el silencioso paisaje sonoro del bordado a mano desaparece con la presencia de la pistola (emitiendo el zumbido de una herramienta eléctrica cuando se usa), el foco de desarrollar imágenes personales permanece. Parada frente a un tapiz recién empezado, Coco dice que una de sus creaciones fue inspirada por un sueño recurrente del cual no se acuerda, otro sobre la vida cotidiana. El relato con el que nos vamos después de nuestra visita es la habilidad de la artista de entrelazar su pasado con su presente mientras camina al futuro con curiosidad para aprender y apertura para compartir.

Esta entrevista fue traducida por Daniela Caro.

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