Dando forma a la pasión en una profesión, con el ceramista Yuri Eslava

Salpicaduras secas de arcilla marcan las paredes blancas del estudio de cerámica del segundo piso de Yuri Eslava, restos de innumerables sesiones de perfeccionamiento y ejecución de su oficio. Aquí es donde Yuri empieza su rutinario pero placentero proceso de creación, que da como resultado piezas funcionales con un toque caprichoso. Mientras le seguimos por su estudio en casa para saber más, queda en claro que la serenidad que encuentra en el Valle Sagrado es un reflejo de la calma que encontró en la campiña alemana hace algunas décadas, cuando empezó a convertir una pasión en una carrera.

Una habitación con vistas y un torno de alfarero

Desde una ventana que daba a la montaña Pumahuanca, ahora se ve un edificio de varios pisos en construcción, pero la luz natural sigue encontrando su camino para entrar al estudio. Mientras tanto, la vista interior revela la pasión de un artista. En un rincón del estudio se encuentra el torno de alfarero japonés que acompaña a Yuri desde hace 20 años adquirido en Alemania mientras estudiaba cerámica y compañero constante cuando vivía en una granja aislada en Baviera.

“Había miles de cerdos, más cerdos que personas!” recuerda con cariño. Un recuerdo persistente de este primer capítulo de su vida de ceramista, cerdos decorativos (a veces con alas), son ahora una de las figuras icónicas que produce Yuri, junto con ángeles, campanas y pajareras. “La gente me ha preguntado por qué no hago algo más ‘peruano’…(pero) la mayor parte de lo que he absorbido en mi vida como artista tuvo lugar en Europa”.

Probablemente ansioso por permanecer de pie en su lugar de trabajo sin arcilla en mano, nos pregunta si queremos verle lanzar algo en el torno. Saca un pedazo de arcilla de la bolsa que descansa en su mesa, primero la pesa y luego la amasa para eliminar las burbujas de aire. Permanece de pie, la coloca en el centro del torno elevado y acelera. Sumergiendo sus manos en agua y acunando suavemente el bloque de arcilla, el material que gira se eleva y se expande, transformándose en una taza de las manos expertas de Yuri.

“He trabajado con muchos materiales a lo largo de los años, pero la arcilla es ideal para mí: dócil, directa a mis manos sin la interferencia de otros instrumentos y tiene gracia para la imperfección,” dice Yuri. De una pequeña colección de sellos hechos a mano, saca el árbol más pequeño. Inspirado en parte en los sencillos dibujos lineales de árboles del artista alemán Paul Klee, esa forma se ha convertido casi en un logo para Yuri, que aparece junto a su nombre o sus iniciales en cada pieza de cerámica.

Cada día de la semana Yuri se encuentra en alguna etapa del proceso de la cerámica. Ya sea un vaso o una figura, las piezas deben secarse completamente antes de ser trasladadas a la planta baja para recibir su primera capa de pintura.

Pintar y hornear

De camino a la sala de pintura de Yuri, empiezan a aparecer ejércitos de piezas seleccionadas de colecciones anteriores. Ángeles en guardia sobre jarrones rebosantes de suculentas en una pared, mientras pequeñas vitrinas llenas de tazas muestran la evolución de la obra de Yuri.

“Después de todo este tiempo, no es muy fácil ver como se van mis piezas,” admite Yuri, mientras entramos en su espacio de trabajo en el primer piso y vemos algunas piezas extraviadas en un esquinero. Un escritorio iluminado por una lámpara está repleto de pequeños recipientes de pintura, sobre todo en tonos tierra. Los mezcla a mano hasta conseguir la paleta deseada y a partir de ahí pinta a mano alzada, mayormente formas de árboles, flores y espirales.

Yuri describe el estilo decorativo que usa para vestir sus cerámicas como “paisajes naturales sintetizados, más abstractos que figurativos”; vemos bosques de cuentos de hadas de puntillismo y espirales. Una vez seca la pintura, las piezas se sumergen en esmalte y quedan listas para hornear.

Al salir pasamos por el gran horno de gas, con su panza ardiente llena de una nueva colección. Las piezas se hornearán por unas 9 horas, seguidas de 24 horas para que se enfríen. Durante el resto de cocción, Yuri tendrá que comprobar la temperatura y el tiempo cada 15 minutos aproximadamente, anotando todo en un cuaderno como un empleado diligente.

“Estoy en un punto de mi vida y de mi carrera en el que hacer cerámica se ha convertido en mi trabajo. Aun lo sigo disfrutando, pero una vez que acaba mi ‘turno’ me escapo a mi estudio de música, que es donde está mi pasión actual”. Yuri ha creado un mundo único con sus cerámicas, pero es seguro que no es su único mundo.

Sigue Yuri en Instagram.

Esta entrevista fue traducida por Daniela Caro.

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